El arte contemporáneo ya se está mudando al barrio de San Telmo


Domingo 31 Agosto 2008

CULTURA: ABREN NUEVAS GALERIAS DE ARTE POR LOS PROYECTOS PARA EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA Y EL MUSEO DE ARTE MODERNO

El arte contemporáneo ya se está mudando al barrio de San Telmo

Son decisivos los grandes espacios y los precios de los locales. Por eso los galeristas van al sur.

Por:  Ana María Battistozzi

Para muchos el fenómeno ya tiene nombre en sintonía con la moda que transformó a Palermo Viejo en Palermo Soho. Ahora es “San Telmo Art District”, que da cuenta del súbito desplazamiento de espacios de arte contemporáneo hacia este barrio porteño del sur.

“Ni un día sin una línea”, un lugar exclusivamente dedicado al dibujo en Defensa 1455, “Asunto Galería” en Perú 1064, “Proyecto A” en San Juan 560, “Arte y Parte” en Chile 427, “Masotta Torres” en México 459 y “Zabaleta Lab” en Venezuela 567, son algunos de los espacios que hicieron pie en el último año y se sumaron a los existentes “Wussmann”, “713”, “Apetite“, “Espacio Ecléctico”, “TransArte”, “Isidro Miranda”, “Arkis” y “Materia Urbana”, que desde hace tiempo armaban un circuito más o menos consolidado.

Algo parecido pasó en Nueva York en los años 90 cuando los precios de los locales del Soho se desorbitaron y las galerías, que en gran medida habían contribuido a su perfil, se mudaron en masa a Chelsea. En dos años Chelsea se convirtió en el distrito de arte más nuevo y dinámico de Manhattan. Acaso por eso Chelsea y Wynwood, el nuevo distrito del arte de Miami, ronda la cabeza de muchos de los galeristas que en los últimos años transformaron a San Telmo.

“Es interesante que San Telmo, el barrio más antiguo de la ciudad, sea asociado a la vitalidad de la cultura contemporánea,” dice entusiasmada Julia Grosso, la joven directora de “713”, llamada así por el número de la antigua casa de altos que ocupa en la calle Defensa desde mayo del 2006. Grosso vino de Palermo, donde abrió su primera galería en el 2003, pero cuando quiso expandirse allí los números no le cerraron. Hoy considera que el esfuerzo de instalarse en el Sur valió ampliamente la pena. Su espacio es una referencia del arte contemporáneo en la zona, con un refinado staff de artistas que en su mayoría no superan los 35 años y producen pintura, objetos, fotografía e instalaciones.

Uno de los mayores beneficios que ofrece el Sur -al menos hasta ahora- es la holgura de sus espacios, a igual o menor precio. Una exigencia de primer orden para exponer arte contemporáneo.

“Con el cambio tripliqué el metraje de exhibición, lo que me permitió habilitar un lugar para instalaciones y una trastienda interactiva para que los visitantes conozcan también a los artistas de la galería que no están en exhibición”, cuenta Hernán Zavaleta, que hace cinco meses pasó del coqueto y estrecho lugar que tenía en la calle Arroyo, al que ahora ocupa en la calle Venezuela. El nuevo local le permite dos programaciones simultáneas que renueva cada mes y medio o cada tres meses, según el caso. Su vecino de enfrente es Wussmann, el más impactante de todos los espacios que constituyen el nuevo rosario de galerías de la zona. En 1998 su director, César Menegazzo Cané, compró esta casona del siglo XIX, prácticamente en ruinas. Le tomó casi cuatro años restaurarla; rastreó personalmente los túneles antiguos que pasan por debajo y decidió dejarlos a la vista bajo pisos vidriados. Hoy Wussmann encarna la singularidad de San Telmo: el cruce entre lo contemporáneo y lo patrimonial en un edificio con un amplio espacio de exhibición para obras de gran porte, un espacio de venta de objetos de diseño y papelería artesanal y un exclusivo living en la planta alta para muestras pequeñas a las que se accede sólo por invitación, como la que inauguró Diego Ranea el jueves .

Una intervención de envergadura similar realizó Laura Messing para Isidro Miranda, la galería de Estados Unidos 726, que ahora exhibe el Premio Platt, uno de los de mayor convocatoria de la temporada. Considerado por sus pares como uno de los avanzados de la movida al Sur, Menegazzo reconoce que en realidad fue tras los pasos de Osvaldo Giesso, precursor de la zona en los años 70 y 80, un promotor incansable del arte contemporáneo y de San Telmo. Podría decirse, en ese sentido, que recién ahora empieza a cristalizar lo que Giesso imaginó hace tres décadas. Dueño de la mítica propiedad que ocupa un cuarto de manzana, que sirvió de teatro, sala de arte y espacio para movidas varias con salida por Defensa y Cochabamba, a los 84 años Giesso sigue apostando al arte emergente desde TransArte el espacio que dirige con Adriana Budich en la calle Cochabamba.

Decididamente más nuevos en esta patriada, Damián Masotta y César Torres irrumpieron en noviembre del año pasado con Masotta-Torres, la galería que ocupa la planta baja y subsuelo de Mexico 459, con exhibiciones que renuevan cada mes y medio. En este momento exhiben obra de Delia Cancela, Claudio Roncoli, Mónica Poenza y Esteban Rivero.

Pero la figura más inclasificable e internacional de esta movida es Daniela Luna, dueña de Apetite en Chacabuco 551 y Tanto Deseo en Venezuela 638, dos espacios que se alimentan mutuamente y cultivan una veta bizarra. Esto fascina al joven coleccionismo local y extranjero que pasa por el barrio. Todos estos galeristas integran STADT, una asociación de tipo cooperativo que impulsa acciones comunes, como inaugurar todos el mismo día para armar una gran movida barrial, además de muestras colectivas de sus artistas.

Con esta expansión, el mapa del arte contemporáneo en San Telmo ha crecido en varias direcciones y promete articular barrios aledaños. Para noviembre próximo la Fundación Proa, de La Boca, reabrirá su sede remodelada y generosamente ampliada con una gran muestra Marcel Duchamp, figura fundamental del arte contemporáneo, si la hay. Para ese mismo mes también se anuncia la apertura del Centro Cultural MOCA, en lo que fue la fábrica de galletitas Bagley, sobre la avenida Montes de Oca. Este centro tiene previsto abrir una sala de exhibición de arte, un auditorio para teatro y cine, además de un café cultural.

Si finalmente se terminan las postergadas obras que tienen al Museo de Arte Moderno de la calle San Juan -cerrado desde hace más de un año- y además se recicla el viejo edificio del Padelai -en Balcarce y San Juan- para el nuevo Centro Cultural de España, tal como anunció el Gobierno porteño hace dos meses, el tan ansiado Polo Cultural del Sur será finalmente una realidad que habrá cambiado radicalmente la impronta del Sur de la ciudad.