Divorcio en Appetite


Sábado 29 de noviembre de 2008 | Publicado en edición impresa (ver link)

Arte | La otra mirada – por Javier Villa

Divorcio en Appetite

Daniela Luna. De la expansión al éxodo, protagonista de una carrera meteórica.
(Escultura con cuchillos por Nicolas Mastracchio)

Racconto del sorpresivo éxodo de un grupo de artistas jóvenes que fueron el cimiento de galería de Daniela Luna, epicentro del recambio generacional luego del suceso de Belleza y Felicidad. ¿Qué pasará?

El martes 4 de noviembre, Anabella Papa, Marcelo Galindo, Marisa Rubio, Nicanor Araoz, Martín Legón, Ariel Cusnir, Verónica Gómez, Ana Vogelfang, Yanina Szalkowicz y Juliana Iriart se desvincularon de la galería Appetite. El grupo representa casi el total de los artistas fundadores, que en estos años sostuvieron como cimiento el espacio que se convirtió en epicentro del recambio generacional luego de Belleza y Felicidad. Una decisión en bloque que, sin dudas, va a reconfigurar la escena joven.

Appetite nació en San Telmo hacia finales de 2005 en el sótano de un pequeño local sobre la calle Venezuela. En sus comienzos, con la experiencia y enseñanzas de Fernanda Laguna, que mostraron posible y rentable la búsqueda de alternativas al galerismo tradicional, surgió como espacio experimental donde los artistas participarían de las decisiones y el empuje del proyecto junto a Daniela Luna, quien lo encabezaría desde la organización, promoción y venta. Con este régimen de funcionamiento horizontal, el proyecto marchó con fluidez y en constante ascenso. Se realizaron trabajos de muy buena calidad en el espacio y Luna supo entrar en el mercado de arte y mantenerse firme; el volumen de venta y los precios subieron. En 2006, Appetite dejó Venezuela (más tarde Luna abriría allí Tanto Deseo) y se instaló en la calle Chacabuco, ganando varios metros cuadrados. Al año siguiente apareció la noticia de la apertura de una sucursal en Nueva York que, si bien pareciera haber quedado en el olvido, junto a la participación en ferias internacionales le puso a Luna el traje de supergalerista emergente e imparable.

Pero la idea de los inicios comenzó a mutar. Por un lado, el personaje de Luna se convirtió en cara y centro del suceso; por el otro, el crecimiento se volvió voraz: muchos artistas comenzaron a dar vueltas por Chacabuco, ya sea para realizar muestras o quedar en el staff , los fundadores perdieron su silla en la toma de decisiones, la horizontalidad deseada se quebró y Appetite se fue acercando a una galería de corte más tradicional con precios de mercado internacional. Tal vez la apertura de Warclub este año en el barrio de Boedo, donde se proyectó mezclar el hogar de Luna con los talleres de algunos artistas, espacio de venta y encuentros multidisciplinarios, podría haber significado una vuelta al trabajo experimental y en conjunto, pero al día de hoy eso no ocurrió.

Seguramente existirán otras razones que justifiquen este divorcio. Lo cierto es que la decisión grupal tiene su atractivo. En una época en la que el galerismo se ha transformado en el sistema casi monopólico de circulación, exhibición y supervivencia económica de los artistas, en la que el Estado está cada vez más ausente y se siente la falta de becas como Antorchas o proyectos como Trama, habrá que ver si esta decena de artistas que acaba de plantarse ante su galerista propone otras alternativas e insiste con el trabajo conjunto o si serán absorbidos rápidamente por otras galerías y todo quedará en el olvido. A su vez, será interesante ver cómo se reacomodan Luna y Appetite.

No hay que olvidarlo nunca: son los artistas quienes tienen el poder de levantar, modificar o destruir instituciones subiendo o bajando, en grupo, el dedo pulgar. Ya pasó varias veces en la historia y continuará pasando.