La máquina imposible de Yamandu


yamandu rodriguez: tinderbox

viernes, abril 21, 2006

La máquina imposible de Yamandú, por Araceli García

¿Qué lugar es este? ¿qué máquina trabaja-envuelve al espectador en qué experiencia?

¿Qué se expone en los cuerpos expuestos, qué se sustrae, se llama a silencio?

Hace tiempo que Pascal nos avisó que el problema del hombre consiste en la dificultad de permanecer en su habitación, dicho que miles de jóvenes globalizados desafían asumiendo el llamado mal de hikikomori: prefieren la habitación.

El juego propuesto por el autor se torna fractal, donde el empapelado de fotos sobre muro hace ventana a cientos de habitaciones más

¿Cómo hablar de la interpelación de unos muros vestidos de imágenes de desnudos – en distintos grados de su desnudez – ? ¿A qué experiencia apelar, a la que supone referencia a la instantánea? ¿a la fe en las pruebas de su haber sido, clavado en el pasado?

¿Cómo leer lo virtual en lo visible, lo singular en lo plural, algo entero en lo dividido?
¿qué devuelve el muro en tanto espejo que no propone un entero sino mil cuerpos fragmentados?

¿Cuál es el punto sin el cual no habrá experiencia que valga?
¿Qué me implica en tanto espectador?
¿qué más y qué menos es lo que es que lo que fue?

Las imágenes registros de su haber sido en presencia, no conceden la duda sobre su realidad.

Si la ambientación, instalación, propone estar, instalarse en esa habitación, la nave engulle más que acoge al público en la composición. Aún el espectador más indiferente es interpelado en ese juego de espejos rotos, donde las puntas de los fragmentos lo atraviesan.

La sustracción de las cabezas, fuera por corte de la toma o por borrones sobreimpuestos no sólo no evita que trabaje la máquina de figurabilidad de rostro, sino que la convoca.

Braghettone de visages, el autor censura la parte superior del cuerpo a la altura del cuello, o un poco más arriba de la boca. Lo reservado hace signos de pregunta por las identidades, ¿quiénes son estas chicas que se desvistieron ante la cámara del fotógrafo, ante los ojos- cuerpo del fotógrafo detrás del ojo de la cámara?

El espectro de la identidad retorna en lo abierto de los placares, donde cada detalle hace estigma: las botas, los corpiños y las sillas, tatuajes y aros como prendas íntimas, marcas que hacen, quiérase o no, más o menos rostro. Y descubrimos que nos estaban mirando, en la actualidad imposible, espectral, de la instantánea fotográfica.

Desde el fondo de los desnudos fotografiados a giorno el ambiente irradia los detalles identitarios de los cuerpos.
¿Qué hacen, qué están estaban haciendo? Un erotismo cool emana de la luminosa piel femenina, pero sus actitudes entregan siempre menos de lo que parece, aunque entreguen la piel del entresijo

¿Cuál cuáles son las fuerzas que fulguran en la instalación en tanto composición de un espacio habitación íntegramente cubierto de imágenes de chicas desnudas, desnudándose en su cuarto?
La habitación es jaqueada en su metáfora de lo privado: hasta el más aislado hikikomori se hace un blog para contar su experiencia. No “permanece” en su habitación.

¿Algo o nada se parece a lo que parece que es? Porque si el desnudo parece exhibir el cuerpo ante la cámara, el cuerpo anónimo de la reserva del rostro desmiente su identidad desnuda, mientras el cuerpo los cuerpos se vuelvan intercambiables, ambiguos; pero si los estigmas en el cuerpo, llámese tatoos o piercings, portan intención de hacer identidad, su divulgación generacional devuelve como un látigo el cuerpo con sus grafías sobreimpuestas a un nuevo anonimato.

Sin embargo, otras cicatrices menos intencionales, marcas de nacimiento, gestos, así como el gastado de las prendas por su singular uso, hacen enigmas solubles sobre el nombre inscripto ya en ese cuerpo, ya en ese otro, aunque fuera como pura posibilidad.
Las marcas de identidad en la instantánea, además, migran en contrapunto por todo el espacio de la toma, la imagen no se sustrae del entorno y se torna cartografía, la habitación revela los objetos y otros artefactos del deseo que se cuelan desde el fondo: el anonimato es imposible…

 

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